domingo, 2 de marzo de 2014
lunes, 13 de enero de 2014
La bestia despierta despacio. Sintiendo la erección, que le había crecido en la noche como un duro tronco de roble, la bestia se incorpora y mira a su alrededor. En la esquina donde la dejó encadenada, ve a la mujer acurrucada sobre la paja, de espaldas a ella, mostrándole sus medias lunas. La bestia siente la presión, la llamada es clara y ella nunca reprime sus impulsos. Como un imán la bestia se avalanza sobre la durmiente apretando con ansia las dos nalgas. Abriéndolas para no errar la diana, ensarta su tronco duro, ardiente en lo mas profundo de la mujer que despierta al dolor y a los rugidos de la bestia. Las embestidas son brutales pero ella, también repleta de deseos, se une al festín de ser tomada por la fuerza, besa a la bestia en las garras y la deja gozar, mientras la goza.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Mi nombre es solo para dos,
secreto.
Mi nombre se desliza silencioso,
se destrenza el pelo cuando surge.
Mi nombre me abre la boca,
me cierra los ojos,
me desboca el cuerpo.
Busqué un nombre a mi condición
y me lo dio el instinto,
y me lo dio el amor,
y me lo dio la vida.
Es mi nombre para él
cuando está conmigo.
Es el nombre que repito
y que me cuida para él
hasta que vuelve a mí.
secreto.
Mi nombre se desliza silencioso,
se destrenza el pelo cuando surge.
Mi nombre me abre la boca,
me cierra los ojos,
me desboca el cuerpo.
Busqué un nombre a mi condición
y me lo dio el instinto,
y me lo dio el amor,
y me lo dio la vida.
Es mi nombre para él
cuando está conmigo.
Es el nombre que repito
y que me cuida para él
hasta que vuelve a mí.
viernes, 9 de agosto de 2013
jueves, 8 de agosto de 2013
Yo, Carilda O
Estoy aquí, aquí,
esperando por tus embestidas,
tu boca mordiéndome el aliento,
tus ojos cuando me devoran
llenándome de ganas.
Estoy aquí, aquí sola,
guarándote mi piel, mi boca,
dejando que mis manos sean tu único recuerdo.
Estoy aquí, aquí,
dejándome llevar hasta el deseo puro,
sin llegar
hasta que tú te vengas conmigo.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Manos
Advierto a mi cuerpo de tus manos:
Son pesadas,
ascenderán por ti como grava caliente,
frenaran el flujo de tu piel, tu húmeda garganta,
saciarán sus dedos con tus pliegues,
sus uñas clavarán tu sexo desmedidas,
llenaran sus yemas de ti, pedirán tu grito cómplice de su lujuria.
Imitarán en su locura al amor,
pero sólo el deseo las guía.
Y mi cuerpo, mi cuerpo tenso escucha,
mi cuerpo de hambre de tus manos escucha la advertencia incendiándose con ella.
Cayendo por ella como cera derretida mi cuerpo queda suspendido por las ganas,
anhelando la llegada,
pidiendo el duro cerco de los dedos,
ansiándote las manos.
viernes, 24 de diciembre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
Dos almohadas para tres
y no saber cómo mirar al centro,
dos almohadas con su viento y su misterio de seis manos,
de tres bocas embebidas,
sus razones de aurigas descompensados.
Dos almohadas y el deseo en tres clavado
sobre cuatro ángulos de seda.
Dos almohadas con tres lados
y tres cuerpos,y tres formas de amasar el beso en cada labio.
sábado, 28 de agosto de 2010
Vendida
La cama aún esta caliente por nuestro peso, en una esquina descansan los sucios billetes que ha dejado caer antes de salir por la puerta sin mirarme. Me duelen las nalgas. Todavía siento sus manos ásperas y pesadas por todo el cuerpo, su cinturón, de cuero negro y hebilla dorada, marcándome la piel. Me duelen las muñecas. La pobre luz de la lamparilla deja en sombras la mayor parte de la habitación, pero hace brillar las esposas que me han inmovilizado y que ahora reposan en la mesilla. Me ha cubierto de saliva, me ha cabalgado sin compasión y hasta las entrañas me ha llegado su erección de bestia. Con la felación he tenido que tragar su semen. Me ha restregado el miembro por la cara y siento la piel manchada y tensa. Un humo espeso desdibuja la silueta de las cosas y el silencio lo cubre todo como el polvo en una fábrica de cemento. Sentado en la butaca roja del rincón, mi Señor me observa impenetrable. Sé que ha disfrutado de cada golpe y humillación que nuestro cliente ha querido gozar con su dinero. Me duelen las nalgas, me arden los pechos, tengo tirante de semen la piel de mi cara, pero todavía siento el orgasmo palpitando dentro y le miro expectante y sumisa, pidiéndole más.Poesía de la piel
Despertar
Había un sello,
una herencia, recatada y tremenda,
cruzaba mi sexo
y lo mataba.
Cuando empecé a mirar,
cuando empecé a tocar me vi
y estuve entonces cómo el ciego en el milagro;
me lavé la piel de buena y he vestido el rojo como velo.
Desmaquillada la mujer doméstica, la hembra en guerra
pinta ahora sus horas con el pecho apuntando hacia otras manos.
Mi mayor destino es hambre y carne abierta,
mis anhelos caen al cielo de un placer en tierra
y todo lo que guardo goza de mi lengua deliciosa,
todo aquello que me guarda grita mi nombre con deseo.
Odiseo hembra
Odiseo siempre en la tierra que se avista,
borracho de deseo ata el cuerpo
y deja que los ojos y la boca se llenen de lujuria.
Tengo el cuerpo en vilo,
sangre efervescente,
risa en las caderas.
El alma se marea con la nueva vida prometida,
se me enciende el pelo entre las manos de este sueño.
Sueño para dos, para tres, sueño entre las llamas,
pensamiento prohibido para un puerto dulce como el vino,
suave como un barco atracando en las entrañas.
Odiseo hembra con la puerta abierta,
los años de la espera deseando el viento húmedo
y el premio infiel de los sentidos.
Advierto a mi cuerpo de tus manos:
Son pesadas,
ascenderán por ti como grava caliente,
frenaran el flujo de tu piel, tu húmeda garganta,
saciarán sus dedos con tus pliegues,
sus uñas clavarán tu sexo desmedidas, llenaran sus yemas de ti,
pedirán tu grito cómplice de su lujuria.
Imitarán en su locura al amor,
pero sólo el deseo las guía.
Y mi cuerpo, mi cuerpo tenso escucha,
mi cuerpo de hambre de tus manos escucha la advertencia incendiándose con ella.
Cayendo por ella como cera derretida mi cuerpo queda suspendido por las ganas,
anhelando la llegada,
pidiendo el duro cerco de los dedos,
ansiándote las manos.
jueves, 19 de agosto de 2010
La habitación blanca

Al entrar en la habitación sólo he visto paredes blancas y luz, una luz brillante, natural, que entra por los numerosos ventanales. Eso y una silla, en el centro de la estancia, con unas cadenas sobre el asiento.
Sé que mi Señor sigue conmigo, le siento respirar y noto su mano sobre mi hombro, pero ya no veo nada; una tupida tela negra me cubre los ojos. Ahora, desnuda y sentada en la silla, tan sólo escucho la respiración de mi Señor y siento el contacto frío de las cadenas que me sujetan; las manos tras el respaldo, los pies, a las patas delanteras.
He oído abrirse la puerta y pasos de varias personas que se han acercado a mí. Noto el calor que desprenden, escucho el roce de sus ropas cayendo al suelo. Varias manos se han posado sobre mi cuerpo, primero con suavidad y después con furia, o quizá unas lo han hecho con suavidad y otras con furia... No logro adivinar ni su número, ni su sexo, no dicen nada, tan sólo acarician mi cuerpo y lo lamen con lujuria; algunos labios se han acercado a los míos y los muerden. Unas manos juegan con mis pechos y mientras uno es rozado con suavidad, el otro es amasado con saña; manos diferentes. Alguien me ha sujetado del pelo y obligado a inclinarme hacia delante; ahora tengo una verga en la boca y el hombre balancea su pelvis empujándome su erección hasta la garganta.
Comienzo a estar húmeda y sudorosa, el tapizado del asiento se ha puesto resbaladizo y mis nalgas se niegan a estar quietas. Me han quitado las cadenas para que pueda levantarme, pero he sido encadenada de nuevo, esta vez a lo que parece un radiador en la pared.
Soy levantada por las nalgas y mi vulva expuesta pronto es ocupada por una boca que lame, succiona, muerde. Unos dedos me penetran, tan sólo un momento, y luego se deslizan hacia mi ano, humedeciéndolo y penetrándolo también. Me hacen poner de rodillas y noto cómo alguien se desliza debajo de mí y entre mis piernas, y con las manos me fuerza hacia abajo hasta que logra hundirme su miembro. Un sonido gutural, irreconocible, escapa de su garganta. Otro hombre se ha colocado detrás y con movimientos rítmicos logra penetrar mi ano. Mis pechos, ahora colgantes, son pronto acariciados con suavidad, los pezones pellizcados, me besan la boca con dulzura, sé que es una mujer, alargaría mi mano para comprobarlo si las cadenas me lo permitiesen.
El ritmo de los hombres ha aumentado, les oigo gruñir y sus miembros se clavan en mí con dureza. Estoy ebria, me siento completamente llena y me muevo con ellos sin control, gimiendo. Pero el ritmo cambia, los hombres salen de mí, mientras la mujer, sigue acariciando mis pezones insistente. Un orgasmo hueco, solitario, me hace gritar desesperadamente. No me es permitido articular palabra, pero a gatas como estoy y mordiéndome los labios, insulto y suplico a un mismo tiempo, mentalmente, pidiéndoles que vuelvan y me penetren de nuevo, que me partan en dos si así lo desean, que pueden hacer de mí lo que quieran. Les siento volver, acoplarse de nuevo a mí, hundirse esta vez sin compasión, golpearme, morderme, tirar de mi pelo, arañarme. Soy, como quería, utilizada. Ambos hombres se corren a la vez, mientras siento, ahora sí, un orgasmo pleno, delirante, que estalla en mi vagina y crispa toda mi columna vertebral.
Echada sobre el suelo sigo encadenada y ahora dolorida. Me han dejado sola y oigo de nuevo el roce de los cuerpos y las ropas, la puerta al cerrarse.
Unos pasos que conozco se acercan a mí, la mano que me acaricia el cabello pronto se agarra a él y obliga a mi cabeza. Mi boca se encuentra con otra erección que engullo con deseo. Mis labios recorren el miembro, mi lengua juega con su glande, mis dientes muerden su carne, hasta que el semen fluye llenándome la boca y la conocida voz de mi amo gime para mí.
Sé que mi Señor sigue conmigo, le siento respirar y noto su mano sobre mi hombro, pero ya no veo nada; una tupida tela negra me cubre los ojos. Ahora, desnuda y sentada en la silla, tan sólo escucho la respiración de mi Señor y siento el contacto frío de las cadenas que me sujetan; las manos tras el respaldo, los pies, a las patas delanteras.
He oído abrirse la puerta y pasos de varias personas que se han acercado a mí. Noto el calor que desprenden, escucho el roce de sus ropas cayendo al suelo. Varias manos se han posado sobre mi cuerpo, primero con suavidad y después con furia, o quizá unas lo han hecho con suavidad y otras con furia... No logro adivinar ni su número, ni su sexo, no dicen nada, tan sólo acarician mi cuerpo y lo lamen con lujuria; algunos labios se han acercado a los míos y los muerden. Unas manos juegan con mis pechos y mientras uno es rozado con suavidad, el otro es amasado con saña; manos diferentes. Alguien me ha sujetado del pelo y obligado a inclinarme hacia delante; ahora tengo una verga en la boca y el hombre balancea su pelvis empujándome su erección hasta la garganta.
Comienzo a estar húmeda y sudorosa, el tapizado del asiento se ha puesto resbaladizo y mis nalgas se niegan a estar quietas. Me han quitado las cadenas para que pueda levantarme, pero he sido encadenada de nuevo, esta vez a lo que parece un radiador en la pared.
Soy levantada por las nalgas y mi vulva expuesta pronto es ocupada por una boca que lame, succiona, muerde. Unos dedos me penetran, tan sólo un momento, y luego se deslizan hacia mi ano, humedeciéndolo y penetrándolo también. Me hacen poner de rodillas y noto cómo alguien se desliza debajo de mí y entre mis piernas, y con las manos me fuerza hacia abajo hasta que logra hundirme su miembro. Un sonido gutural, irreconocible, escapa de su garganta. Otro hombre se ha colocado detrás y con movimientos rítmicos logra penetrar mi ano. Mis pechos, ahora colgantes, son pronto acariciados con suavidad, los pezones pellizcados, me besan la boca con dulzura, sé que es una mujer, alargaría mi mano para comprobarlo si las cadenas me lo permitiesen.
El ritmo de los hombres ha aumentado, les oigo gruñir y sus miembros se clavan en mí con dureza. Estoy ebria, me siento completamente llena y me muevo con ellos sin control, gimiendo. Pero el ritmo cambia, los hombres salen de mí, mientras la mujer, sigue acariciando mis pezones insistente. Un orgasmo hueco, solitario, me hace gritar desesperadamente. No me es permitido articular palabra, pero a gatas como estoy y mordiéndome los labios, insulto y suplico a un mismo tiempo, mentalmente, pidiéndoles que vuelvan y me penetren de nuevo, que me partan en dos si así lo desean, que pueden hacer de mí lo que quieran. Les siento volver, acoplarse de nuevo a mí, hundirse esta vez sin compasión, golpearme, morderme, tirar de mi pelo, arañarme. Soy, como quería, utilizada. Ambos hombres se corren a la vez, mientras siento, ahora sí, un orgasmo pleno, delirante, que estalla en mi vagina y crispa toda mi columna vertebral.
Echada sobre el suelo sigo encadenada y ahora dolorida. Me han dejado sola y oigo de nuevo el roce de los cuerpos y las ropas, la puerta al cerrarse.
Unos pasos que conozco se acercan a mí, la mano que me acaricia el cabello pronto se agarra a él y obliga a mi cabeza. Mi boca se encuentra con otra erección que engullo con deseo. Mis labios recorren el miembro, mi lengua juega con su glande, mis dientes muerden su carne, hasta que el semen fluye llenándome la boca y la conocida voz de mi amo gime para mí.
sábado, 13 de febrero de 2010
*
Tomándola de las nalgas levantó su pubis hasta la boca y un clítoris ansioso, rojo y erecto salió a recibirle como una lengua húmeda de fuego. Lengua y clítoris bailaron. Flujo y saliva uno, fueron acercándose al ímpetu del sol que estalla. Entre los pliegues, agua con deseo y miel de tendón ebrio, las oleadas sucedíanse en el mar del cuerpo y ella, agrietada ya por dentro, ayudo a su espalda a no ceder. Con los pies sujetos al suelo, se acercó más y más al cielo que la boca de su hombre le entregaba.
jueves, 7 de enero de 2010

Me entrego a ti en cruz abierta, atada voluntad de pies y manos para darme por todas las grietas que en mi piel encuentres. Que tu duro falo en mi boca encuentre la humedad caliente y el cobijo de tus embestidas. Que tires de mi pelo y en mi cuello encuentres la marca de tu mordedura. Que me arañes los rincones, los golpees. Que arda en tu calor y tu hambre de gemidos mi vulva lacerada. Que me encuentres en la furia de tu piel colmándose en la mía. Que me llame como quiera tu áspera garganta. Puta o zorra soy, o mansa bestia sojuzgada a tu lujuria.
martes, 29 de diciembre de 2009
El caballito

Cuando desde la silla donde te sientas me llamas con un dedo, te palmeas los muslos y me invitas a sentarme en ellos, me alcanza el recuerdo de la niña que fui, sentada sobre las rodillas de mi padre, que recita alegre: “Al paso, al paso, al paso”. Tomándome la cara la acercas a tu boca y la besas, despacio, dulcemente, rodeándome los labios con los tuyos, humedeciéndolos con tu lengua. Paladeas mi boca mientras tus manos se deslizan por mi cuello, mis brazos, las siento acariciando mi cintura y mis nalgas. En mi mente mi padre ríe conmigo que, nerviosa, anticipo la parte más excitante del juego; "al paso, al paso, al paso" sigue mi padre recitando. Te acercas a mis pechos, los acaricias, los pellizcas y vas liberándolos de la ropa. Me pego más a tu torso, mi sexo siente el tuyo a través de la ropa. Siempre despacio me quitas las bragas. Los dos sexos son ya uno y se mezclan con el sudor y las ganas. Me penetras. El deseo hace que mi cuerpo se mueva sobre el tuyo. Pegada a tu pecho, sintiendo tus manos calientes, me muevo ansiosa. El eco de mi padre sigue en mí, le oigo subir la voz, acelerar el ritmo -"al trote, al trote, al trote"- mientras nuestro ritmo se acelera entre jadeos. Tus manos oprimen mis caderas forzándome el movimiento, Te escucho gemir mientras yo gimo. Nuestros sexos acoplados, llenándose el uno al otro, nos apuran los latidos, ascienden por todos los poros, los nervios, nos arrincona contra el placer.
"¡Al galope, al galope, al galope!" oigo el eco de mi padre mientras río desenfrenada y brinca mi pequeño cuerpo hasta que lo siento suspendido en el aire en cada impulso de las piernas.
"¡Papá, papá, papá!" me oigo decir entrecortadamente, mientras miro tus ojos vidriosos y entornados, y me clavo a ti desbocada, y el grito de nuestro orgasmo llena la habitación.
"¡Al galope, al galope, al galope!" oigo el eco de mi padre mientras río desenfrenada y brinca mi pequeño cuerpo hasta que lo siento suspendido en el aire en cada impulso de las piernas.
"¡Papá, papá, papá!" me oigo decir entrecortadamente, mientras miro tus ojos vidriosos y entornados, y me clavo a ti desbocada, y el grito de nuestro orgasmo llena la habitación.
domingo, 20 de diciembre de 2009
viernes, 18 de diciembre de 2009

Sé que no debo llegar tan tarde. De noche, mi barrio no es un barrio tranquilo, lo pueblan las sombras y todo tipo de debilidades humanas que esperan la oscuridad para satisfacerse. Llego en el último autobús y debo andar todavía un trecho hasta mi casa, apresuro el paso. El temor me provoca una subida de adrenalina y mi estómago me insta inquieto a correr más, mis tacones repiquetean sobre la acera y suenan urgentes en mis oídos. No me encuentro a nadie por el camino y pienso que eso aún hace el trayecto más inquietante. Estoy llegando al "callejón" un rincón entre dos edificios, sin salida, sin luz, almacén de contenedores, orines y basuras de toda especie que siempre me ha provocado escalofríos y que debo atravesar por fuerza, no tengo otro camino.
Cómo mi más terrible imaginación hecha realidad, surge del callejón una sombra y rápidamente me sujeta desde atrás por la cintura mientras me tapa la boca con la otra mano. No he tenido tiempo de reaccionar, no he podido gritar, ni correr, estoy indefensa entre unos brazos poderosos de hombre que me arrastran sin miramientos hacia la oscuridad. Mi pánico sí reacciona ahora y como puedo, pataleo y lanzo puñetazos hacia mi espalda, gimo a través de su mano, grande y dura contra mi boca.
Se detiene entonces y mira a su alrededor. Llevándome con él en su búsqueda me lanza al fin contra el muro y su boca se acerca a mi oído, me susurra: no te defiendas más, no quiero hacerte daño. Es la primera vez que oigo su voz y su tono, profundo, caliente, me hace sentir un escalofrío, me eriza el vello de la nuca, tensa mi columna y siento, con asombro, como mis pezones se hinchan y endurecen bajo la blusa. Me quedo quieta a mi pesar, no entiendo qué me esta pasando, pienso que esto es una violación, este hombre trata de forzarme, eso ha quedado claro, y sin embargo yo me estoy excitando, mi respiración empieza a ser entrecortada y noto flujo entre mis piernas.
Me quita la mano de la boca, me suelta la cintura, ha entendido mi inmovilidad y falta de resistencia como un acuerdo tácito. Mientras baja la mano pasa rozando uno de mis pezones y una sensación de ahogo me hace tomar aire, él lo nota y vuelve a subir sus manos con una caricia suave pero intensa, a través de la tela las siento calientes, sin prisa, las detiene sobre mis pechos y los oprime, los acaricia en círculos, los está disfrutando con pausa, sabiendo que podría devorarlos, pero gozando sólo con la idea. Me desabrocha la blusa con cuidado y la retira, bajo el sujetador, mis pechos pugnan por sentirse libres, mis pezones duelen con las ganas. Y entonces retira el sujetador, tira de el hacia abajo con brusquedad y mis pechos se disparan hacia él, al fin respiran y esperan. Pronto sus dedos los recorren, otra vez lentos y golosos recorren la aureola, la suavidad con que se han preparado para su tacto. Mis pezones esperan, ansiosos, que los elija al fin, pero entonces retira las manos. Cuando las devuelve a mí, sus dedos están húmedos y tocan mis pezones con el frío de la noche que aún los excita más, se regodea en ellos con usura, los roza con suavidad y los retuerce con dureza en un juego desesperante que me esta volviendo loca de deseo, hasta que instintivamente y casi sin darme cuenta, abro las piernas en muda invitación.
Aunque no le veo la cara, sé que sonríe, sabe que ha logrado lo que quería, mi excitación, mi rendición total a sus deseos. Con un movimiento firme empuja mi cuerpo hacia un montón de neumáticos. Permanezco quieta y sigo en silencio, con las manos crispadas sobre los neumáticos, él aparta las suyas de mi cuerpo y le oigo abrir su gabán y desabrochar el cinturón de su pantalón, le noto acercarse hasta quedar pegado a mis nalgas y entonces me sujeta por el pelo y me obliga a inclinarme. Mientras mis tetas quedan aplastadas contra la goma fría y polvorienta vuelvo a sentir sus manos sobre mí y esta vez son mis piernas, mi culo, mi pubis los que recorre con la misma desesperante lentitud, con el mismo excitante calor en las palmas.
He empezado a respirar entrecortadamente, han empezado a temblarme las piernas, he comenzado a sentir su miembro erecto, ahora liberado, contra mi piel y ya sólo puedo pensar en sentirlo dentro de mí, forzándome al fin con ese miembro duro y caliente que restriega incesante. Pero no digo nada y permanezco expectante, acoplada a él, con el olor dulzón de la basura a mi alrededor, el tacto rugoso del caucho, el sabor a instinto en la boca.
No ceso de gemir cuando escucho que él también gime, que su excitación comienza a ser tan imperiosa como la mía, sus caricias se han vuelto más rudas, amasa mi carne, ha penetrado ya mi coño con sus dedos y los siento moverse, buscando mis fluidos. Echado sobre mi espalda, juega y goza de nuevo a demorar el desenlace, noto su respiración en mi nuca como un vaho ardiente que deseo tragarme. Intento moverme, volverme a él, morderle la boca, pero no me deja, vuelve a forzar mi cuerpo sobre los neumáticos y mi culo queda entonces completamente expuesto a su lujuria. Me penetra y siento su miembro durísimo entre mis piernas, agarrado con fuerza a mis caderas me penetra profundo, su polla es grande y golpea sin compasión haciendo que me abra húmeda y deliciosamente. La presión excita todos los nervios de mi coño, frota mi clítoris y siento que ya no puedo soportarlo más, me corro con un sonido gutural desesperado y oprimiendo todo mi cuerpo contra esa polla desmesurada que no quiero dejar salir. Entonces le siento rugir sofocado y bombear con más rapidez, aplastándome en cada envestida contra los neumáticos hasta que para de golpe clavándose a mí con furia, como si quisiera traspasarme. Su eyaculación es un surtidor que parece desparramarse por todas mis entrañas.
Caigo desmayada sobre los neumáticos, con las piernas agotadas por tanta tensión. Trato entonces de incorporarme, de volverme a él y conocer la cara que me ha follado y me ha hecho disfrutar como una perra, pero no se me permite y mientras siento chorrear su semen por los muslos él, sujetándome otra vez para que no pueda moverme, y antes de salir corriendo del callejón, me susurra al oído: Gracias, eres una puta deliciosa.
Cada noche, de camino a casa, vuelvo a pasar por delante del “callejón”, pero ahora lo hago lentamente, demorando mis pasos, esperando que, algún día, mi asaltante vuelva a surgir de la oscuridad.
Etiquetas:
Ilustración de Juan Nadie para "El callejón"
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Game On
Una tarde cualquiera, con la rutina pegada a la cintura y los tacones repiqueteando sobre el asfalto hacia casa. Tú que asomas -sonrisa y beso breve- por la puerta de la cocina mientras tus labios disponen rápidos la información del día. Y en tanto nadas -disperso y fuera de mí- por las contingencias banales de nuestras vidas, mis ojos recelan de los tuyos, los buscan y acarician, las manos se aceleran ya hacia un contacto que saben cálido, mis labios buscan tus palabras limpias para acallarlas.
Y ya mi boca se estremece entre tus dientes y la saliva sabe a ti, blanda y móvil, saciando una sed que de pronto y por sorpresa se ha tensado en mi garganta. Y siento tu presión contra la lengua, tus manos rescatando mis cabellos del vacío, tus manos afilando mis contornos hasta las nalgas, tus manos enseñándole la fiebre a mis caderas, tus manos oprimiéndome al perfil de tus vaqueros. Y el beso se prolonga, duele el beso largo, largo y espeso que nos va incendiando.
Cíclopes de lujuria, con las frentes sosteniendo en pie las ganas contra la gravedad, derechos pero juntos, como juncos anhelándose, recorremos la caricia por los cuerpos, nos ansiamos y agitamos verticales. Y ya tus manos y las mías buscan los rincones, con la ropa desprendida a medias, el deseo se pervierte en pie y ya tus dedos buscan mi placer para saciar el tuyo, y tu boca se hace oscura y me condensa obscenidad en los oídos, y me ensucias de placer con tus palabras, desbocado y grueso: Eres una zorra caliente. Sé que te prostituirías y que el dinero que cobraras sería lo de menos. Que lo harías sólo para que los hombres te usaran como a una perra y que gozarías con ello.
Y de pie me cuentas tus historias de amos y sumisas, de entregas desmedidas, de encuentros con sátiros, fustas, vergas, amazonas, esposas, consoladores, cadenas, ojos vendados, sodomía, lluvias doradas. Y de pie, siempre de pie me aceleras el pensamiento y las entrañas, y mis piernas tiemblan tensas y entreabiertas, y el baile sabio de tus dedos eriza mi clítoris hambriento y anega mi placer de miel y sangre..
Y ya mi boca se estremece entre tus dientes y la saliva sabe a ti, blanda y móvil, saciando una sed que de pronto y por sorpresa se ha tensado en mi garganta. Y siento tu presión contra la lengua, tus manos rescatando mis cabellos del vacío, tus manos afilando mis contornos hasta las nalgas, tus manos enseñándole la fiebre a mis caderas, tus manos oprimiéndome al perfil de tus vaqueros. Y el beso se prolonga, duele el beso largo, largo y espeso que nos va incendiando.
Cíclopes de lujuria, con las frentes sosteniendo en pie las ganas contra la gravedad, derechos pero juntos, como juncos anhelándose, recorremos la caricia por los cuerpos, nos ansiamos y agitamos verticales. Y ya tus manos y las mías buscan los rincones, con la ropa desprendida a medias, el deseo se pervierte en pie y ya tus dedos buscan mi placer para saciar el tuyo, y tu boca se hace oscura y me condensa obscenidad en los oídos, y me ensucias de placer con tus palabras, desbocado y grueso: Eres una zorra caliente. Sé que te prostituirías y que el dinero que cobraras sería lo de menos. Que lo harías sólo para que los hombres te usaran como a una perra y que gozarías con ello.
Y de pie me cuentas tus historias de amos y sumisas, de entregas desmedidas, de encuentros con sátiros, fustas, vergas, amazonas, esposas, consoladores, cadenas, ojos vendados, sodomía, lluvias doradas. Y de pie, siempre de pie me aceleras el pensamiento y las entrañas, y mis piernas tiemblan tensas y entreabiertas, y el baile sabio de tus dedos eriza mi clítoris hambriento y anega mi placer de miel y sangre..
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